La Hormiga
Directo desde los túneles de la burocracia goicoecheana
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Ashley María Gutiérrez, periodista).- Otra vez llegó el fin de semana y aquí estoy, con las antenitas bien paradas, la lupa en una pata y el casco antimotín en otra —por si acaso—, lista para contarles lo que esta obrera de seis patas logró husmear mientras la semana se nos escapaba entre hojas, expedientes, comentarios de Facebook y uno que otro zacatal.
Desde el subsuelo de Goicoechea reporta, como siempre, esta humilde hormiga que pica en serio y en broma… aunque últimamente, para qué engañarlos, la realidad nos está haciendo competencia en materia de comedia.
Aquí no distinguimos colores políticos, puestos, apellidos ni religión. Si aparece una migaja de información, allá vamos. Y si está debajo de una piedra, levantamos la piedra. Si está debajo de un escritorio, nos metemos debajo del escritorio. Ventajas de medir pocos milímetros.
Consejo de la casa: no se rasquen, porque salen ronchosos.
Y si ya se rascaron… ni modo. Busquen calamina.
Antes de meter la mordida, un saludo bien hormigón: que la semana que comienza sea próspera, productiva y, sobre todo, que las chapias mantengan una distancia prudencial de nuestros condominios subterráneos.
Un 15 de septiembre que nos dejó con las antenas levantadas
Vean ustedes: no todo en este cantón tiene que producir picazón.
Esta vez corresponde quitarse el sombrero —o bajarse las antenas, según la especie— ante estudiantes, docentes, familias, organizadores y todas las personas que trabajaron para sacar adelante las actividades patrias del 15 de septiembre.
Hubo coordinación, participación y algo que últimamente parece especie en peligro de extinción: convivencia.
Sí, convivencia.
Esa extraña costumbre de compartir con otras personas sin preguntar primero por quién votaron, qué partido apoyan o en cuál grupo de Facebook pasan peleando a las once de la noche.
Después de meses en que el cantón ha tenido su buena dosis de discusiones, reclamos, insultos, polémicas y agarradas digitales dignas de campeonato nacional, fue agradable encontrarnos con música, tambores, bailes, familias y montones de niños disfrutando.
Por unas horas, Goicoechea recordó que también sabe reunirse para celebrar.
¡Milagro patrio!
Tanto nos contagió el ambiente que en el hormiguero ya estamos organizando nuestro propio desfile.
Tenemos banda de percusión con semillas de guayaba, cuerpo de banderas con pétalos de veranera y una escolta de zompopas que todavía está negociando las condiciones laborales.
La ruta está por definirse.
Dependemos de que no nos pongan el recorrido antes del desfile.
De la política humana mejor ni hablar… así que hablemos
La política de ustedes, los humanos, sigue fascinándonos.
En serio.
Nosotras llevamos siglos estudiándolos y todavía no entendemos cómo funciona aquello.
Cuando alguien gobierna, los de enfrente descubren problemas que aparentemente eran invisibles cuando estaban del otro lado.
Luego cambian los puestos.
Y ocurre un fenómeno extraordinario:
Los que antes denunciaban empiezan a explicar.
Los que antes explicaban empiezan a denunciar.
¡Es maravilloso!
Darwin se habría entretenido muchísimo estudiando una sesión municipal.
Ahora que se acercan tiempos electorales, además, las antenitas nos indican que empieza una temporada muy especial.
Es esa época maravillosa en la que aparecen fotografías, videos, denuncias, abrazos, recorridos por barrios, saludos a señoras que venden empanadas y un repentino interés científico por cada hueco de la calle.
No señalamos a nadie.
Nosotras somos hormigas.
Solo observamos.
Y tenemos seis ojos metafóricos puestos sobre el asunto.
Cuando comienza la temporada de pesca
También hemos visto que al alcalde le han caído críticas por varios frentes.
Eso, por supuesto, forma parte de la política y del derecho ciudadano a fiscalizar a quienes ejercen cargos públicos.
Pero esta hormiga tiene una pequeña libreta.
Y memoria.
Entonces resulta entretenido comparar lo que algunos personajes decían ayer con lo que dicen hoy.
Porque en política existe una disciplina olímpica que debería incorporarse a Los Ángeles 2028:
el salto de acera.
Hay competidores extraordinarios.
Un día una decisión es perfectamente razonable.
Al día siguiente, la misma decisión es prueba irrefutable del colapso de la civilización occidental.
Todo depende de quién esté sentado en la silla.
Por eso esta hormiga recomienda algo muy sencillo: critiquen, fiscalicen, cuestionen y pidan cuentas.
Pero guarden capturas de pantalla.
Son más resistentes que la memoria electoral.
¡Volvieron las chapias!
Mientras los humanos discuten quién tiene la razón, nosotras enfrentamos una tragedia de dimensiones hormigueras.
¡Volvieron las chapias!
Durante varios meses vivimos como aristócratas.
Zacate alto.
Semillitas.
Hojitas.
Sombra.
Comida.
Bienes raíces.
Era prácticamente Escazú para hormigas.
Hasta pensamos en abrir un Airbnb:
“Acogedor túnel en zona verde, tres cámaras, excelente ventilación, cerca de parada de bus y con migajas incluidas”.
Pero regresaron las máquinas.
RRRRRRRRRRRRRRRRRR.
En cinco minutos nos dejaron el residencial convertido en proyecto de renovación urbana.
Sin consulta vecinal.
Sin audiencia pública.
Sin estudio de impacto hormiguero.
Sin siquiera un mensajito por WhatsApp.
Después dicen que la burocracia humana es complicada.
En el hormiguero tampoco todo es perfecto
Y antes de que alguien salga diciendo que esta columna propone sustituir la democracia por una monarquía de insectos, tranquilos.
En el hormiguero tenemos reina, sí.
Pero tampoco somos modelo para nadie.
Trabajamos todo el día, cargamos cosas veinte veces más pesadas que nosotras y nadie ha inventado todavía el aguinaldo hormiguero.
Así que cada especie con sus problemas.
Eso sí: cuando encontramos comida, avisamos.
No convocamos conferencia de prensa para anunciar que estamos estudiando la posibilidad de crear una comisión que determine la viabilidad técnica de analizar la eventual recolección de la migaja.
La cargamos.
Y listo.
Tal vez por eso los hormigueros avanzan tan rápido.
Bueno, queridos lectores, me tengo que ir.
Trabajo es trabajo y las migajas no se recogen solas.
Nos vemos la próxima semana, porque por estos túneles siguen llegando historias.
Algunas vienen caminando.
Otras vienen corriendo.
Y otras llegan solitas, con documentos y todo.
Hay quienes confían demasiado en que los vecinos olvidan.
Mala estrategia.
Esta hormiga tiene buena memoria.
Y ya conocen nuestra regla de oro:
Esta hormiga no compra rumores…
¡PERO TAMPOCO VENDE SILENCIO!