Juan Carlos Hidalgo: el economista que desafía a la vieja guardia del PUSC

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, comunicador).- Juan Carlos Hidalgo es una de las figuras más particulares del panorama político costarricense: un economista con trayectoria internacional, crítico del estatismo y defensor del liberalismo moderno, que hoy intenta llevar al PUSC hacia una renovación ideológica profunda. Su candidatura presidencial lo coloca en un choque directo entre la visión tradicional del partido y una propuesta más acorde con las corrientes liberales contemporáneas, un reto que ha generado entusiasmos, pero también resistencias visibles dentro de la estructura socialcristiana.
Hidalgo se formó en economía y durante más de una década trabajó en Washington D.C., donde obtuvo reconocimiento por su análisis en temas de política pública, comercio, libertades económicas y gobernanza. Desde el Cato Institute —un centro de pensamiento liberal de peso internacional— se convirtió en un referente costarricense en debates globales sobre libertad económica, eficiencia estatal y reformas estructurales. Su presencia en medios, conferencias y espacios académicos le dio proyección nacional incluso antes de decidir entrar de lleno en la política.
A su regreso a Costa Rica tomó una decisión arriesgada: ingresar al PUSC, un partido con una identidad socialcristiana tradicional y una estructura interna dominada por liderazgos históricos. Su apuesta fue clara desde el inicio: empujar al partido hacia una línea más liberal, enfocada en abrir mercados, modernizar instituciones, reducir el tamaño del Estado y dinamizar la economía mediante competencia y eficiencia. Su discurso es directo, técnico y sin rodeos, lo que ha generado apoyo entre jóvenes, profesionales y sectores urbanos cansados de la política tradicional; pero también ha incomodado a figuras conservadoras o más moderadas dentro del mismo partido.
La tensión ha sido evidente. Durante meses se han registrado choques internos, desde cuestionamientos a su ideología —pues algunos sectores del PUSC consideran que sus posturas son “demasiado liberales” y poco sociales— hasta disputas por el control del aparato partidario. Hidalgo ha denunciado prácticas de la vieja política dentro del PUSC, como acuerdos internos poco transparentes o estructuras cantonales que responden a liderazgos tradicionales y no al proyecto programático del partido. Esa fricción ha sido una constante en su candidatura, y aunque él mantiene su discurso de modernización, ha debido navegar un mar interno que a ratos se siente hostil y resistente al cambio.
Su visión para el país gira en torno a un eje claro: más libertad económica y menos burocracia. Propone reducir trámites, racionalizar el tamaño del Estado, promover la competencia, atraer inversión, impulsar la educación técnica y enfrentar la crisis fiscal con decisiones impopulares, pero necesarias, según él. Su discurso sobre seguridad es más pragmático que emocional, y en temas sociales adopta una postura más abierta que los conservadores tradicionales del PUSC, lo que amplía su alcance, pero también incomoda a sectores conservadores dentro de su propio partido.
A pesar de su talante técnico, su figura no ha estado libre de sombras mediáticas. Se le ha cuestionado por su capacidad de “aterrizar” su visión liberal en un país con amplias desigualdades y una estructura estatal compleja. Algunos críticos señalan que su experiencia política es limitada y que su estilo directo puede generar choques en un ambiente donde se requieren alianzas amplias. También ha enfrentado ataques internos que lo acusan de intentar “desideologizar” el PUSC o de querer convertirlo en un partido liberal clásico, algo que sectores socialcristianos consideran una amenaza identitaria.
En lo personal, Hidalgo se proyecta como un profesional serio, disciplinado y de ideas firmes. Su estilo comunicativo es académico, ordenado y basado en datos, lo que lo diferencia de candidatos más emocionales o confrontativos. Atrae a sectores urbanos educados que buscan un liderazgo eficiente y técnico, aunque enfrenta el reto de conectar con territorios rurales que históricamente han sido claves en la maquinaria electoral socialcristiana.
En el contexto actual, donde el país vive frustración, crisis económica y un desencanto creciente con los partidos tradicionales, la candidatura de Juan Carlos Hidalgo representa una apuesta del PUSC por reformularse desde adentro. Su desafío es monumental: conquistar a un electorado que pide cambios profundos, sin desatar una fractura dentro de su partido. Para Costa Rica, su figura introduce el debate sobre si es posible una renovación liberal dentro de una estructura histórica como la Unidad. Para el PUSC, su candidatura define una pregunta existencial: ¿seguir con la línea tradicional o reinventarse bajo una visión más moderna y liberal?