Fabricio Alvarado: la figura central del conservadurismo moderno en Costa Rica

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, comunicador).- Fabricio Alvarado Muñoz se ha convertido en uno de los protagonistas más constantes de la política costarricense en la última década. Cantante cristiano, comunicador y periodista antes de entrar en política, su ascenso fue rápido y contundente: pasó de diputado a convertirse en serio aspirante presidencial en 2018, sacudiendo las estructuras tradicionales y consolidando un movimiento político conservador sin precedentes en el país. Fundador del Partido Nueva República, aspira nuevamente a la presidencia con un estilo que mezcla fe, discurso moral y un relato de renovación política.

Su trayectoria pública arrancó en los medios de comunicación y en la música cristiana, donde ganó reconocimiento y una base inicial de seguidores. Ese capital social lo llevó a la Asamblea Legislativa en 2014, donde destacó por su defensa de temas relacionados con valores familiares y libertad religiosa. Su figura se proyectó nacionalmente con la discusión sobre el matrimonio igualitario en 2018, que lo convirtió en líder de un movimiento conservador que lo impulsó hasta ganar la primera ronda electoral.

El crecimiento político de Fabricio, sin embargo, no ha estado exento de controversias. Desde hace dos campañas arrastra señalamientos relacionados con el financiamiento electoral, tanto durante su paso por Restauración Nacional como en la fundación de Nueva República. La Fiscalía ha investigado casos vinculados a estructuras paralelas de recaudación, una figura donde se alega que personas o grupos organizan financiamiento político fuera de los mecanismos autorizados. Aunque él ha negado irregularidades y los procesos siguen su trámite judicial, estos episodios han influido en la percepción pública y se han convertido en un elemento inevitable del análisis alrededor de su figura.

A esto se suman noticias recientes que han generado gran impacto mediático: denuncias por violación presentadas contra él, que actualmente se encuentran en investigación. Aunque la presunción de inocencia es un principio fundamental, el solo hecho de que existan estas denuncias ha causado debate nacional y ha polarizado aún más la conversación pública sobre su candidatura. Sus seguidores interpretan estos hechos como ataques políticos, mientras que sus críticos los consideran señales preocupantes sobre su entorno y sus liderazgos.

Pese a estas sombras, su movimiento sigue siendo sólido en sectores rurales, en comunidades cristianas y dentro de votantes que sienten que la política tradicional les falló. Fabricio ha trabajado en los últimos años para ampliar su discurso más allá del eje moral, incorporando temas como seguridad, economía, empleo y reforma del

Estado, intentando proyectarse como un candidato capaz de gobernar, no solo de movilizar emocionalmente.

Su estilo comunicativo —directo, emotivo y cargado de referencias espirituales— lo distingue de los candidatos tradicionales, y su identidad pública como hombre de fe y familia sigue siendo uno de los pilares de su imagen. Esto lo mantiene como un actor político influyente, capaz de mover masas y provocar reacciones intensas en ambos lados del espectro.

En la Costa Rica actual, marcada por frustración, miedo a la inseguridad y cansancio con la clase política, Fabricio Alvarado representa la consolidación del conservadurismo como fuerza electoral organizada. Su desafío es doble: convencer a sectores moderados de que puede gobernar con estabilidad y, al mismo tiempo, enfrentar los cuestionamientos que arrastra por temas de financiamiento y las investigaciones en curso. Su figura sigue siendo una de las más polarizante del país, pero también una de las más influyentes, un protagonista inevitable del ajedrez político rumbo al 2026.

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