Personajes
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, comunicador).- Claudia Dobles Camargo es una figura que, aunque no proviene de la política partidaria tradicional, terminó ocupando un lugar destacado en la vida pública nacional gracias a su papel como primera dama durante la administración de Carlos Alvarado (2018–2022). Arquitecta, urbanista y planificadora del desarrollo sostenible, Dobles combina un perfil técnico con una visión de país profundamente marcada por la movilidad, la eficiencia urbana y los proyectos de infraestructura. Ahora, desde la Coalición Agenda Ciudadana, aspira por primera vez a un cargo de elección nacional, buscando reposicionar la idea de política moderna, técnica y ligada al bienestar colectivo.
Originaria de San José, Dobles construyó su carrera profesional en arquitectura y urbanismo con un enfoque contemporáneo: planificación de ciudades, movilidad sostenible y diseño centrado en la calidad de vida. Antes de llegar a Zapote, trabajó en proyectos de ordenamiento territorial y diseño urbano, perfilándose como una profesional que veía a Costa Rica rezagada en temas de movilidad y gestión del espacio público. Su llegada a la figura de primera dama la convirtió en una de las influencias más fuertes del gobierno en temas urbanos, liderando iniciativas como el tren eléctrico metropolitano, la modernización del transporte público, la vivienda social basada en criterios de ciudad compacta y la regeneración urbana.
Esa visibilidad generó reconocimiento en sectores profesionales y académicos, pero también la colocó en el centro del desgaste político que caracterizó al gobierno de Carlos Alvarado. Pese a que su rol no era formalmente político, fue vista como una pieza estratégica de una administración que enfrentó fuertes tensiones sociales, el impacto del IVA, protestas gremiales, presión fiscal y la complejidad de gobernar en medio de la pandemia. Así, aunque su nombre nunca estuvo asociado directamente a escándalos personales, la sombra del gobierno de su esposo la acompaña: para algunos sectores es símbolo de proyectos modernizadores; para otros, representa decisiones impopulares, rigideces fiscales y un estilo de gobierno distante.
Su candidatura con la Coalición Agenda Ciudadana busca precisamente romper ese molde. Dobles intenta posicionarse no como la heredera de un gobierno, sino como una profesional con trayectoria propia, capaz de ofrecer soluciones técnicas y visión de largo plazo. Su discurso gira alrededor del desarrollo sostenible, la planificación urbana, la reorganización del transporte, el combate a la desigualdad con infraestructura y servicios, y una apuesta fuerte por transformar la economía mediante innovación y empleo verde. Su tono es mesurado, técnico y centrado en datos, muy distinto al estilo confrontativo de otros actores políticos del momento.
Sin embargo, la carga simbólica del pasado es innegable. Sus adversarios han intentado convertirla en un puente hacia el recuerdo del gobierno Alvarado Quesada, usando ese periodo como arma política. Ella, por su parte, ha respondido enfocándose en su trabajo técnico, en sus logros tangibles y en una identidad propia que —según ella— va más allá de cualquier vínculo matrimonial. La estrategia ha funcionado en algunos sectores urbanos y profesionales, pero enfrenta el reto de superar prejuicios, desgaste y percepciones negativas que no nacen de su trayectoria, sino del clima político del periodo anterior.
En lo personal, Dobles se proyecta como una mujer disciplinada, reservada y profundamente orientada a resultados. Su estilo comunicativo es sobrio: explica, propone, detalla y argumenta, sin recurrir a emociones extremas ni confrontaciones. Esto la convierte en un tipo distinto de candidata en el escenario polarizado actual: menos política tradicional, más técnica; menos espectáculo, más planificación.
En la Costa Rica de hoy, donde la frustración convive con la necesidad de soluciones reales, Claudia Dobles encarna una apuesta singular: una candidatura apoyada en la capacidad técnica, la visión urbana y la promesa de un Estado más ordenado y funcional. Su desafío será convencer al electorado de que su identidad política trasciende la sombra inevitable del gobierno de su esposo, y que sus propuestas no son un retorno al pasado, sino un proyecto nuevo, propio y adaptado al país del 2026.