La hormiga investigadora: La eficiencia, ese mito urbano que la hormiga investiga (y le da risa)

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- ¡Atención, mis queridos bípedos municipales y estatales! Vuelve su insecto favorito: La Hormiga Investigadora, ese ser diminuto que mete las antenas donde nadie quiere mirar… y sale con la risa atragantada y un poco de picazón cívica. Porque sí, amigos, la eficiencia pública en Goicoechea sigue siendo ese mito urbano que uno menciona con la misma fe con la que habla del Cadejos o del tren eléctrico a Cartago.

La burocracia supersónica

La Dirección de Ingeniería Municipal de Goicoechea, donde la paciencia humana va a morir y el tiempo se estira como chicle vencido. Resulta que la ley —ese librito aburrido que nadie lee— dice que toda solicitud debe responderse en máximo 10 días. Pero nuestros héroes locales decidieron innovar.

Ellos lo interpretan como “10 meses”. ¡Sí, meses! Porque la eficiencia es de sabios, y la espera, de santos. Mientras tanto, los vecinos envejecen esperando respuestas, y los expedientes acumulan tanto polvo que pronto serán Patrimonio Histórico.

Dicen que allí el reloj no da las horas: da los años. Y si uno pregunta por el trámite, le contestan con una sonrisa zen: “Tranquilo, joven, todo lleva su proceso”.

El misterio del número 10

Pero tranquilos, que la competencia por la lentitud sigue reñida. En el Ministerio de Educación Pública (MEP) también están haciendo méritos. En la Escuela Centeno Güell de Guadalupe, joya patrimonial del país, hay unos árboles que amenazan con reventar las paredes. Una poda sencilla, ¿verdad? Pues no: ¡diez meses! esperando a que alguien agarre una sierra.

Parece que en el MEP creen que los árboles también están en huelga. Uno se pregunta si el número 10 es una cábala burocrática: 10 días, 10 meses, 10 años… y así hasta el infinito educativo.

Berrinches y cráteres lunares

Mientras tanto, en Rancho Redondo, los vecinos practican el noble arte de la paciencia budista. Esperan noticias sobre el caso de las ventas de materiales municipales, pero la alcaldía parece haber adoptado la estrategia del avestruz: cabeza en el suelo y oídos tapados.

Y como si eso fuera poco, los trabajos viales se detuvieron, tal vez por castigo divino (o municipal, que es casi lo mismo). Con las lluvias, los huecos ya no son huecos: son cráteres lunares. Si usted va por ahí, amárrese al asiento… o despídase del carro.

Dicen que un vecino metió el pie en un hueco y apareció en otro distrito. NASA está interesada en hacer pruebas.

Y el alcalde, muy serio, se reúne con sus directores para “planear el futuro del cantón”. Según fuentes internas, la conclusión fue brillante: “Ignoren a los vecinos, que eso pasa”. Empatía nivel: congelador.

El gran final (o la gran ausencia)

Y para coronar la semana, el sábado 18 de octubre estaba programada la sesión municipal que aprobaría el Plan Regulador. Se anunció con tanto entusiasmo que casi creemos que esta vez sí iba en serio.

Pero, oh destino cruel, ¡se suspendió! Porque los “padres del cantón” decidieron celebrar el Día de la Ausencia.

Solo llegaron Gloriana Diorela Carmena Seravalli, Carmen María Martínez Barahona, Rafael Ángel Vargas Brenes, William Fallas Bogarín y el suplente Christian Muñoz. Doña Melissa Valdivia Zúñiga, eso sí, llegó tarde al sorteo de excusas.

Cinco ausentes, cuatro presentes… y el Plan Regulador sigue durmiendo el sueño eterno.

Y así cierra el hormiguero…

Por ahora, esta hormiguita se retira a su nido, a limpiar las antenas y preparar más picaduras para la próxima entrega.

Porque mientras unos corren maratones, en Goicoechea la burocracia trota… pero hacia atrás.

La Hormiga Investigadora —picando donde otros solo pasan el plumero

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