Goicoechea: aceras de la exclusión y el silencio municipal

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- Caminar debería ser el acto de movilidad más básico y democrático en cualquier ciudad. Sin embargo, en Goicoechea, ese simple derecho se ha convertido en una carrera de obstáculos digna de una olimpiada urbana… pero sin medalla para nadie. Lo que para algunos es solo una molestia, para miles de vecinos —especialmente personas con discapacidad— es una condena diaria a la inmovilidad.

No hace falta un diagnóstico técnico ni un informe millonario para ver la magnitud del problema: basta con caminar unos metros por las calles de Guadalupe, Ipís o Calle Blancos. Aceras rotas, angostas, atravesadas por postes, entradas de garaje sin rampas o, peor aún, tramos desaparecidos como si la accesibilidad fuera un lujo opcional. La escena es tan cotidiana como indignante: peatones obligados a lanzarse a la calle, jugándose el pellejo entre carros y motos.

Para quienes viven con discapacidad, esta realidad no es una simple incomodidad: es una barrera infranqueable. Personas en silla de ruedas que no pueden salir solas de sus casas, ciudadanos no videntes que deben navegar un laberinto de trampas y adultos mayores para quienes una caída puede significar un antes y un después en sus vidas.

Lo que está ocurriendo no es un descuido inocente: es un acto de exclusión. Como sociedad y como gobierno local, hemos convertido las aceras en muros invisibles que encierran a una parte de la población, negándoles autonomía, independencia y dignidad.

Y mientras esto sucede a plena vista, la Municipalidad de Goicoechea permanece en silencio. La inacción es evidente. ¿Dónde está la planificación urbana con enfoque inclusivo? ¿Dónde están los recursos para rehabilitar las aceras con accesibilidad universal? ¿Para qué sirve tener una Ley 7600 si en la práctica nuestros espacios públicos siguen siendo inaccesibles?

Decir que “no hay presupuesto” suena hueco cuando sí hay dinero para otros proyectos menos urgentes. Priorizar el asfalto para los autos por encima de la seguridad de los peatones no es eficiencia: es una decisión política que margina a quienes menos voz tienen. Y en política, la omisión también es una forma de violencia.

Goicoechea necesita un plan maestro de aceras accesibles, no un remiendo aquí y allá para la foto. Un plan con cronogramas, inversión clara, auditoría ciudadana y, sobre todo, voluntad política para ejecutarlo. No es caridad; es justicia. No es lujo; es dignidad.

El desarrollo de un cantón no se mide en metros de asfalto, sino en la facilidad con que todos sus habitantes pueden desplazarse. Y en esa materia, Goicoechea está raspando. Es hora de que la Municipalidad despierte y empiece a construir no solo aceras, sino una ciudad verdaderamente para todos. Porque caminar no debería ser un privilegio, sino un derecho.

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