El pasaporte del Mambo: Cuando Pérez Prado partió hacia México

Published by Isaí Jara on

Puerto de La Habana, 1948. Antes de que el mundo lo proclamara Rey del Mambo, Dámaso Pérez Prado emprendía viaje hacia nuevos horizontes. Llevaba una maleta modesta, varias partituras y una visión musical que transformaría para siempre el ritmo de América Latina

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Gerardo A. Pérez Obando (Gapo), columnista).- La década de 1940 para Cuba, México y Latinoamérica fue un puente esplendoroso. Mientras Cuba vivía la época de oro del bolero, muchos cantantes, bailarinas, rumberas actrices y actores que surgían por montones, fueron fuertemente atraídos mutuamente por la época de oro del cine mexicano en expansión.

También se entrecruzó con la época de oro de la radio y la aviación comercial que comenzaba a competir contra las largas travesías en barco, aunque con un costo demasiado alto

El cine mexicano, antes de Hollywood, imperaba en Latinoamérica y era la forma en que aseguraban las taquillas, dando a conocer rostros famosos acompañados de su arte, imposible a través de las ondas radiofónicas.

Mientras los aviones comenzaban a reducir las distancias y los barcos seguían transportando artistas, empresarios y soñadores de un país a otro, las aguas del Golfo de México se transformaban en un corredor cultural sin precedentes. Cuba exportaba talento; México ofrecía oportunidades.

La radio mexicana crecía con una fuerza extraordinaria. El cine vivía una edad de oro irrepetible. Los centros nocturnos competían por contratar a los mejores músicos. Las grandes ciudades reclamaban nuevos sonidos y nuevos espectáculos.

En aquel instante histórico, México parecía una enorme puerta abierta para los artistas del Caribe.

Por ella cruzaron rumberas inolvidables como Ninón Sevilla, María Antonieta Pons, Rosa Carmina y Amalia Aguilar. Atravesaron también cantantes, actores y comediantes cuyos nombres acabarían formando parte de la memoria artística latinoamericana.

Muchos llegaban con la nostalgia de La Habana en el corazón, pero todos encontraban un escenario inmenso para crecer. Entre aquella corriente humana viajaba también un pianista inquieto que soñaba más con los sonidos que con la celebridad.

Dámaso Pérez Prado llevaba años experimentando con ritmos, acentos y secciones de metales que desconcertaban a los puristas y entusiasmaban a los bailarines. Cuba había sido su laboratorio. México estaba destinado a convertirse en su plataforma universal.

Quizá nadie en el muelle pudo anticiparlo. Tal vez ningún funcionario que revisó su pasaporte imaginó que aquel viajero transformaría para siempre la música popular del continente, sin embargo, la historia suele avanzar en silencio, sin anunciar sus grandes acontecimientos.

Cuando el barco se alejó lentamente de las costas cubanas, Pérez Prado no abandonaba únicamente una isla. Dejaba atrás una etapa de aprendizaje para entrar en otra de consagración.

Del otro lado del mar lo esperaba México. Y detrás de México lo aguardaba el mundo. Muy pronto las trompetas sonarían con una fuerza desconocida. Los saxofones rugirían como locomotoras musicales. Los salones de baile vibrarían al compás de una palabra breve que terminaría recorriendo todos los idiomas: mambo, pero esa es otra historia que comienza cuando Dámaso Pérez Prado pone un pie en tierra mexicana.

Allí, donde el destino estaba, al hombre que aceleraría para siempre el corazón de la música latinoamericana. Una conocida suya, Ninón Sevilla, lo esperaba.

https://www.youtube.com/watch?v=gjohLdZKv84&list=RD5MhqwSCB_70&index=4

“Las grandes revoluciones rara vez anuncian su llegada. Aquella mañana en La Habana, entre pasajeros comunes y equipajes corrientes, partía un músico más. La historia musical popular posteriormente lo reconocería”

 

Política de privacidad - - Diseñado por PARWEBCR