Opinión: La participación real y el valor de los verdaderos dirigentes comunales

Published by Isaí Jara on

El sábado 19 de setiembre recibí una invitación que, aunque parecía sencilla, terminó dejándome una reflexión profunda sobre la participación ciudadana en nuestras comunidades

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Francisco Castaing Bustillos, dirigente comunal).- Cinco vecinos me invitaron a tomar un café. Tenían una preocupación concreta: querían organizar un comité de seguridad y ornato ante los robos recurrentes que, según me explicaron, han afectado su entorno y ante la acumulación de basura que personas ajenas depositan en distintos puntos de la comunidad.

Acepté la invitación con el mismo espíritu de servicio con el que, durante años, he procurado involucrarme en los asuntos comunales. Conversamos sobre los procesos necesarios para organizarse y las posibilidades de impulsar iniciativas de seguridad comunitaria.

A la mayoría de ellos no los conocía personalmente, aunque todos llevamos muchos años viviendo en la misma comunidad. Por eso, al observar su interés, aproveché para invitarlos a integrarse a las distintas organizaciones comunales que ya existen y en las cuales nunca habían participado.

Fue entonces cuando escuché una frase que seguramente muchos dirigentes comunales conocemos muy bien: “Siempre son los mismos de siempre”.

También expresaron que no les interesaba participar porque, según su percepción, a esas organizaciones “solo va gente revoltosa”. Incluso manifestaron su desconfianza hacia los procesos electorales municipales y hacia quienes participan en política.

Aquellas palabras me dejaron pensando.

¿Quiénes son “los mismos de siempre”?

Existe una contradicción que deberíamos analizar como comunidad.

Con frecuencia criticamos a quienes participan. Cuestionamos asociaciones, comités, dirigentes, municipalidades y partidos políticos. Decimos que siempre aparecen las mismas personas y reclamamos la ausencia de nuevos liderazgos.

Pero entonces surge una pregunta inevitable: ¿dónde estamos nosotros cuando se realizan las reuniones, las asambleas, las elecciones y los procesos de organización comunitaria?

Es muy fácil observar desde afuera. Mucho más difícil es dedicar una noche a una reunión, tocar puertas, presentar documentos, gestionar ante instituciones, escuchar reclamos, organizar actividades o insistir durante meses —y algunas veces años— para conseguir una solución para el barrio.

Cuando un problema llega directamente a nuestra puerta, la organización comunitaria adquiere de pronto una enorme importancia. Si sufrimos un robo, si aparece un problema de basura frente a nuestra vivienda, si falta iluminación o si alguna situación amenaza nuestra tranquilidad, buscamos inmediatamente a quienes puedan ayudarnos.

Y muchas veces recurrimos precisamente a “los mismos de siempre”.

Es decir, a las personas que han permanecido participando cuando muchos otros decidieron mantenerse al margen.

La participación es también una responsabilidad

No pretendo afirmar que toda organización comunal funcione correctamente ni que todo dirigente esté libre de cuestionamientos. Mucho menos que la política local no deba ser fiscalizada. Todo lo contrario: las instituciones públicas, las organizaciones comunitarias y quienes ocupan puestos de representación deben estar sometidos al escrutinio ciudadano.

Pero la fiscalización también requiere participación.

Si queremos nuevas caras, debemos abrir espacios y ocuparlos. Si queremos mejores representantes, debemos conocer quiénes aspiran a esos puestos, examinar sus propuestas y participar en los procesos donde se toman decisiones. Si consideramos que una organización comunal necesita renovarse, la respuesta no debería ser abandonarla, sino involucrarnos para transformarla.

La democracia local no comienza ni termina el día de una elección.

Se construye en la asociación de desarrollo, en el comité de seguridad, en la junta de vecinos, en las organizaciones deportivas y culturales y en cada espacio donde una persona decide dedicar parte de su tiempo al bienestar colectivo.

La indiferencia deja espacios vacíos

Cuando la ciudadanía se aleja de estos procesos, alguien termina ocupando esos espacios.

El desinterés facilita que grupos pequeños concentren las decisiones y que las organizaciones pierdan diversidad, renovación y representatividad. Por eso resulta especialmente importante que nuevos vecinos, jóvenes, profesionales, comerciantes, trabajadores y ciudadanos con distintas experiencias se incorporen al trabajo comunitario.

También debemos prestar especial atención durante los periodos electorales.

En esos momentos abundan las visitas, reuniones, fotografías, promesas y acercamientos a las comunidades. Por eso, más allá de banderas o agrupaciones políticas, cada ciudadano debería preguntarse quién ha estado verdaderamente cerca de su comunidad, quién conoce sus problemas y quién ha demostrado capacidad de servicio más allá de una campaña electoral.

La participación ciudadana debe ser permanente y crítica, no circunstancial.

El valor del dirigente comunal

Ser dirigente comunal no debería significar tener privilegios. Significa asumir responsabilidades.

Hay hombres y mujeres que durante años han trabajado prácticamente con las uñas para sacar adelante proyectos en sus barrios. Personas que gestionan mejoras, convocan reuniones, organizan actividades, buscan soluciones y enfrentan obstáculos sin recibir remuneración ni reconocimiento.

Naturalmente, también deben rendir cuentas y aceptar la crítica.

Pero sería injusto colocar en una misma categoría a quien aparece únicamente cuando existe un interés electoral y a quien ha dedicado años de trabajo voluntario a su comunidad.

Goicoechea necesita nuevos liderazgos, pero también necesita valorar la experiencia y el compromiso de quienes han demostrado vocación de servicio.

No importa si esos nuevos liderazgos provienen de agrupaciones tradicionales, emergentes o de organizaciones estrictamente comunales. Lo importante es que la ciudadanía los conozca, examine su trayectoria, escuche sus propuestas y tome sus propias decisiones.

La comunidad se construye participando

Las puertas del trabajo comunal deben permanecer abiertas para todos.

Quien considere que “siempre son los mismos” tiene una extraordinaria oportunidad: convertirse en uno de los nuevos.

Asista a una reunión. Pregunte. Proponga. Fiscalice. Organice. Participe. Y cuando corresponda ejercer el voto, infórmese y hágalo responsablemente.

No deberíamos acordarnos de nuestra comunidad únicamente cuando el problema llega hasta la puerta de nuestra casa.

Una comunidad fuerte se construye mucho antes de la emergencia: cuando los vecinos se conocen, se organizan, colaboran y entienden que el bienestar individual también depende del bienestar colectivo.

Goicoechea necesita ciudadanos dispuestos a involucrarse.

Porque transformar una comunidad no es responsabilidad exclusiva de una municipalidad, de un partido político ni de un dirigente comunal.

Es una responsabilidad compartida.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor y no reflejan necesariamente la línea editorial de La Voz de Goicoechea.

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