Día de la Niñez: un llamado a la presencia en tiempos de desconexión

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- Este 9 de septiembre, Costa Rica vuelve a celebrar el Día de la Niñez. Escuelas, hogares y comunidades se llenan de actividades, sonrisas y obsequios. Pero esta fecha también debe invitarnos a mirar más allá de la celebración y preguntarnos qué estamos haciendo, como sociedad, para garantizar a nuestros niños y niñas una infancia segura, acompañada y llena de oportunidades.
En tiempos marcados por las pantallas, las extensas jornadas laborales, las dificultades económicas y la violencia que golpea a distintas comunidades, celebrar a la niñez debe significar, ante todo, renovar nuestro compromiso con su bienestar.
Una fecha para recordar nuestros deberes
La preocupación internacional por la protección de la infancia adquirió especial fuerza tras la Primera Guerra Mundial. En 1924, la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño recogió una idea impulsada por Eglantyne Jebb que conserva plena vigencia: la humanidad tiene el deber de dar a la niñez lo mejor de sí misma.
Décadas después, en 1954, la Asamblea General de las Naciones Unidas recomendó establecer un Día Universal del Niño como una oportunidad para promover su bienestar y recordar las responsabilidades de los Estados y las sociedades hacia la infancia.
En Costa Rica, el 9 de septiembre se convirtió en una fecha dedicada a la niñez. Más que una efeméride en el calendario, debería ser una oportunidad para evaluar cuánto hemos avanzado y, especialmente, cuánto nos falta por hacer.
Los desafíos están también en nuestros barrios
Hablar de la niñez desde Goicoechea implica observar lo que ocurre en comunidades como Guadalupe, San Francisco, Calle Blancos, Mata de Plátano, Ipís, Rancho Redondo y Purral.
Uno de los grandes desafíos contemporáneos es la relación con la tecnología. Los dispositivos digitales ofrecen enormes posibilidades educativas, informativas y de comunicación, pero su utilización sin acompañamiento y sin límites puede desplazar actividades fundamentales para el desarrollo: jugar, conversar, leer, practicar deporte, compartir con otras personas y explorar el entorno.
No se trata de convertir la tecnología en enemiga. Se trata de recuperar el equilibrio y, sobre todo, el acompañamiento adulto.
A esto se suma una preocupación todavía mayor: la exposición de niños y adolescentes a entornos donde existen violencia, drogas y delincuencia. Cuando faltan oportunidades deportivas, culturales y educativas, los espacios abandonados pueden ser ocupados por dinámicas que ponen en riesgo a las nuevas generaciones.
Existe, además, una realidad menos visible: la soledad.
Muchas madres, padres y encargados deben afrontar largas jornadas laborales, desplazamientos y fuertes presiones económicas. Como consecuencia, hay niños que pasan buena parte del día sin la presencia de un adulto cercano. En algunos hogares, una pantalla termina ocupando involuntariamente el espacio de la conversación y el acompañamiento.
No corresponde culpabilizar a las familias que trabajan para salir adelante. Corresponde preguntarnos qué redes comunitarias e institucionales estamos construyendo para apoyarlas.
¿Qué podemos hacer desde Goicoechea?
Los grandes problemas requieren políticas nacionales, pero también existen acciones que pueden impulsarse desde el cantón.
Al gobierno local y a las instituciones públicas les corresponde continuar recuperando parques, plazas, canchas y otros espacios comunitarios, procurando iluminación, mantenimiento, seguridad y actividades permanentes. Un parque lleno de familias, deporte y cultura es mucho más que infraestructura: es prevención.
También resulta fundamental acercar las actividades deportivas, recreativas, artísticas y culturales a los distintos distritos, especialmente a aquellas comunidades donde las familias disponen de menos alternativas.
Asimismo, fortalecer las redes de cuido y explorar alianzas entre instituciones, comunidades y sector privado podría ofrecer alternativas de acompañamiento para hijos e hijas de familias trabajadoras.
Los centros educativos pueden desempeñar un papel decisivo mediante espacios de formación para madres, padres y encargados sobre bienestar emocional, convivencia, uso responsable de tecnologías, prevención de adicciones y detección de factores de riesgo.
También vale la pena recuperar los recreos como verdaderos espacios de socialización: juegos tradicionales, deporte, movimiento y conversación pueden ofrecer a los estudiantes momentos cotidianos de convivencia sin depender de una pantalla.
Las familias y comunidades, por su parte, pueden comenzar con algo aparentemente sencillo, pero profundamente valioso: recuperar tiempo para estar juntos.
Una cena sin teléfonos, una caminata por el barrio, una conversación antes de dormir, una tarde de fútbol, visitar un parque o simplemente preguntar “¿Cómo estuvo su día?” y escuchar verdaderamente la respuesta pueden convertirse en actos cotidianos de protección.
También necesitamos recuperar la solidaridad entre vecinos. Conocer a quienes viven cerca, estar atentos a las rutas utilizadas por los estudiantes y colaborar para mantener seguros los alrededores de escuelas, parques y paradas de autobús ayuda a reconstruir el tejido comunitario.
Regalar presencia
En este Día de la Niñez, desde La Voz de Goicoechea proponemos cambiar por un momento la pregunta.
En lugar de pensar solamente en qué podemos regalarles a nuestros niños, preguntémonos qué podemos devolverles.
Devolverles tiempo.
Devolverles espacios seguros para jugar.
Devolverles la conversación.
Devolverles comunidad.
Devolverles la posibilidad de crecer acompañados.
Los niños y las niñas necesitan mucho más que supervisión. Necesitan adultos referentes que los escuchen y orienten; escuelas capaces de acompañar su desarrollo integral; instituciones que garanticen oportunidades; y comunidades dispuestas a protegerlos.
Ninguna municipalidad, escuela o familia puede asumir por sí sola semejante responsabilidad.
Proteger a la niñez de Goicoechea requiere un compromiso compartido.
Que este 9 de septiembre no termine cuando se guarden los confites, se apaguen las decoraciones o concluya la celebración escolar.
Que permanezca una pregunta en cada hogar, escuela, institución y comunidad de nuestro cantón:
¿Cuánto tiempo y presencia estamos dispuestos a regalarles a nuestros niños?
Porque escuchar a un niño, acompañarlo, ofrecerle un lugar seguro donde crecer y demostrarle que pertenece a una comunidad que se preocupa por él no cuesta únicamente dinero.
Cuesta tiempo.
Y quizá sea el regalo más valioso que podamos ofrecerle.