30 años metiendo las antenitas donde no me llaman… y donde sí

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¡Quién lo diría! Aquí estoy todavía. Treinta años

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- Sí, queridos lectores, esta humilde servidora cumple hoy tres décadas caminando por los túneles de Goicoechea.

Nací un 11 de setiembre de 1996, cuando no existían Facebook, WhatsApp ni TikTok; cuando nadie hablaba de algoritmos y mucho menos de inteligencia artificial. Para encontrar una noticia había que hacer algo verdaderamente revolucionario:

¡Salir a buscarla!

Había que caminar, preguntar, llamar por teléfono, tocar puertas, revisar documentos y conversar con la gente.

Y eso hice.

Bueno… eso hicimos.

Porque detrás de estas antenitas siempre hubo periodistas dispuestos a recorrer conmigo los hormigueros del cantón.

Mi primer compañero de aventuras fue el periodista Isaí Jara Arias, bajo cuya dirección nací y aprendí una regla fundamental de este oficio: una hormiga podrá ser pequeña, pero eso no significa que tenga que quedarse callada frente a los elefantes.

Y vaya si encontramos elefantes en estos 30 años.

También dinosaurios.

Uno que otro camaleón.

Algunas aves de paso.

Y no han faltado ciertos personajes capaces de transformarse según soplara el viento político.

¡La biodiversidad de Goicoechea es extraordinaria!

Durante tres décadas he recorrido Guadalupe, San Francisco, Calle Blancos, Mata de Plátano, Ipís, Rancho Redondo y Purral.

He caminado por calles buenas y por otras donde hasta una hormiga necesita vehículo 4×4.

He escuchado promesas de campaña que, de haberlas guardado todas, necesitaríamos construir otro Archivo Nacional.

He visto proyectos anunciados con bombos y platillos que después desaparecieron misteriosamente.

Y he conocido funcionarios que trabajan muchísimo.

Sí, sí. También existen.

No todo puede ser sarcasmo en esta vida.

Porque si algo he aprendido durante estos 30 años es que el periodismo local no consiste únicamente en señalar lo malo.

Cuando alguien hace las cosas bien, también hay que decirlo.

Cuando una comunidad se organiza, hay que reconocerla.

Cuando un funcionario cumple, hay que felicitarlo.

Cuando una institución responde a los vecinos, también merece nuestras páginas.

Pero cuando las cosas están mal…Bueno…Para eso tengo antenitas.

Y no saben ustedes hasta dónde llegan.

Pequeña, pero pegada al suelo

Alguna vez expliqué mi filosofía de trabajo de esta manera: “Las hormigas somos diminutas. Es cierto. No medimos mucho, no hacemos escándalo y, desde luego, no viajamos en carro oficial con escolta, sirena ni combustible pagado por el pueblo. Pero tenemos una ventaja sobre muchos gigantes: caminamos con las patas pegadas al suelo”.

Treinta años después no cambiaría una sola palabra.

Porque desde abajo se ven cosas interesantes.

Muy interesantes.

Debajo de los escritorios, por ejemplo, cabemos perfectamente.

Por las rendijas de algunas oficinas públicas también.

Y cuando una puerta se cierra…Bueno, queridos amigos: una hormiga siempre encuentra otra entrada.

Esa ha sido mi misión durante tres décadas: caminar cerca de la gente.

Porque mientras algunos observan Goicoechea desde una oficina, yo prefiero hacerlo desde la acera.

Desde el barrio.

Desde la parada del autobús.

Desde el comercio.

Desde la asociación de desarrollo.

Desde el Concejo Municipal.

Desde donde esté ocurriendo aquello que afecta a nuestros vecinos.

Eso es periodismo local.

No será el más glamuroso.

No tendrá corresponsales en París.

Ni enviados especiales en Nueva York.

Pero cuando una calle está destruida, cuando falta iluminación, cuando una obra no se termina, cuando un presupuesto merece explicaciones o cuando una comunidad necesita ser escuchada, créanme: esa noticia puede ser mucho más importante para un vecino que lo ocurrido esa mañana a diez mil kilómetros de distancia.

He sobrevivido a todo

En estos 30 años cambiaron muchas cosas.

Llegó Internet.

Después llegaron las redes sociales.

Luego aparecieron los teléfonos inteligentes.

Ahora tenemos algoritmos, ChatGPT e inteligencia artificial.

Hoy una computadora puede resumir documentos, transcribir entrevistas y ayudarnos a encontrar información en segundos. La tecnología ya está transformando las etapas de recopilación, producción y distribución de noticias.

Magnífico.

Pero tengo una pregunta: ¿Ya inventaron una inteligencia artificial capaz de detectar una promesa política que nunca se va a cumplir?

Porque cuando exista…¡Me avisan!

Nos ahorraríamos muchísimo trabajo.

Aunque pensándolo bien, probablemente necesitaría demasiados servidores.

Y bastante memoria.

Mucha memoria.

Mientras tanto, seguiré utilizando mi viejo sistema operativo: dos antenitas, seis patas y una enorme curiosidad.

Porque las herramientas cambian, pero hay cosas del periodismo que ninguna tecnología debería cambiar.

Preguntar.

Contrastar.

Dudar.

Escuchar.

Investigar.

Y, sobre todo, no guardar silencio cuando algo merece ser contado.

Nuevas patas, las mismas antenitas

Treinta años después, también ha llegado el momento de pasar parte del recorrido a una nueva generación.

Hoy mi historia continúa bajo la producción de la periodista Ashley María Gutiérrez.

Algunos podrían preguntarse: —Hormiga, ¿y no te preocupa que lleguen periodistas jóvenes?

¡Todo lo contrario!

Una hormiga vieja conoce muchos túneles.

Pero una hormiga joven descubre otros.

Las generaciones cambian, las herramientas cambian y las maneras de contar historias también.

Lo importante es que permanezca intacta la esencia.

Caminar cerca de la gente.

Preguntar cuando otros callan.

Reconocer cuando alguien hace las cosas bien.

Y fiscalizar cuando alguien olvida que los recursos públicos pertenecen precisamente a eso: al público.

Treinta años después…

He visto pasar alcaldes.

Regidores.

Diputados.

Jerarcas.

Dirigentes comunales.

Candidatos.

Excandidatos.

Candidatos que juraron que nunca volverían a ser candidatos… y después volvieron a ser candidatos.

He visto amistades políticas eternas que duraron aproximadamente seis meses.

Enemigos irreconciliables que terminaron compartiendo mesa.

Promesas que envejecieron mejor que quienes las hicieron.

Y personajes que un viernes se enojaron conmigo… pero al siguiente viernes fueron los primeros en buscar la columna.

Porque esa es otra cosa que he aprendido: nadie quiere aparecer en La Hormiga Investigadora… hasta que pasa un viernes sin aparecer.

Así somos.

Y aquí seguiremos

Cumplir 30 años no significa mirar solamente hacia atrás.

Significa renovar un compromiso.

Mientras exista una historia que contar, allí estaremos.

Mientras un vecino tenga algo que denunciar, escucharemos.

Mientras alguien haga algo bueno por Goicoechea, lo reconoceremos.

Mientras exista una pregunta sin respuesta, levantaremos las antenitas.

Y mientras algún poderoso crea que nadie está mirando…

Bueno… recuerde que las hormigas somos pequeñas.

A veces ni siquiera nos ven.

Pero estamos.

Por eso, después de 30 años, mantengo orgullosamente el mismo principio que ha acompañado mis recorridos por este cantón: “Esta hormiga no compra rumores… ¡pero tampoco vende silencio!”

Gracias a quienes me han leído durante estas tres décadas.

A quienes se han reído conmigo.

A quienes me han enviado información.

A quienes me han felicitado.

Y también, por supuesto, a quienes alguna vez se molestaron conmigo.

No guarden rencor.

Treinta años son demasiado tiempo para andar enojado con una hormiga.

Yo, por mi parte, seguiré haciendo lo que mejor sé hacer: caminar… escuchar… preguntar… investigar… y meter las antenitas donde haga falta.

Porque mientras Goicoechea tenga túneles por recorrer, habrá Hormiga Investigadora.

¡Felices 30 años para mí!

Y ahora, con permiso… tengo un hormiguero que investigar.

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