LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- Hay una verdad que llena el corazón de paz y, a la vez, de respeto: Dios nos conoce por completo, más de lo que nosotros mismos nos conocemos. El salmista comienza con una afirmación directa y tierna: “Tú me sondeas y me conoces”. No se trata de un examen frío o vigilante, sino de una mirada llena de amor que penetra cada rincón de nuestra existencia.
El versículo continúa recordándonos que Dios está presente en los detalles más simples y cotidianos: sabe cuándo descansamos y cuándo emprendemos el camino. Nada de lo que hacemos pasa desapercibido, pero tampoco somos para Él un número más. Él comprende incluso lo que nadie más ve: nuestros pensamientos, antes de que se conviertan en palabras o acciones. Aun cuando nuestras ideas son confusas, cuando dudamos o cuando callamos, Él entiende lo que llevamos dentro.
