¿Qué está pasando con nuestra Benemérita Cruz Roja Costarricense?

Published by Isaí Jara on

Qué lamentable resulta ver lo que está sucediendo con la Cruz Roja Costarricense, una institución que durante décadas ha representado solidaridad, servicio y amor al prójimo

LA VOZ DE GOICOECHEA  (Por Francisco Castaing Bustillo, dirigente comunal).- Hoy vemos cómo diferentes subcomités han cerrado sus puertas o enfrentan enormes dificultades para seguir funcionando. Un ejemplo cercano es el Subcomité de Ipís, en Goicoechea.

Y yo me pregunto: ¿cómo llegamos hasta aquí?

En los años 70, nuestros padres y nuestros vecinos trabajaron con enorme esfuerzo para construir las instalaciones de la Cruz Roja. Lo hicieron mediante contribuciones, actividades comunales, rifas, turnos y muchas horas de trabajo voluntario. Lo hicieron porque creían en servir al prójimo y porque sentían aquella institución como parte de su comunidad.

Durante muchos años, gran parte de la labor operativa estuvo en manos de voluntarios: personas que entregaban su tiempo, esfuerzo y conocimientos sin esperar nada a cambio.

Y quiero hablar desde mi propia experiencia

Fui testigo, junto a un grupo de vecinos, de los obstáculos que enfrentamos al intentar incorporarnos como voluntarios de la Cruz Roja. Nos organizamos, nos presentamos con la intención genuina de servir y entregamos nuestra documentación para poder formar parte del voluntariado. Sin embargo, en el camino ocurrieron situaciones que todavía hoy me cuesta comprender: documentos que aparentemente se extraviaron, hojas de vida que no fueron tomadas en cuenta y diferentes obstáculos o razones que terminaron dificultando nuestra incorporación.

No quiero juzgar las intenciones de quienes tomaron esas decisiones, pero sí considero legítimo preguntar: ¿qué está pasando con el voluntariado?

Porque si una persona de la comunidad quiere entregar su tiempo gratuitamente para ayudar a otros, ¿por qué debemos ponerle tantas barreras?

Es evidente que una institución de emergencias necesita capacitación, protocolos, disciplina y personal preparado. Nadie debería cuestionar eso. Pero capacitación y profesionalización no deberían significar la desaparición del voluntariado.

Un voluntario puede capacitarse, puede cumplir protocolos, puede prepararse y asumir responsabilidades. Y hay algo que no se puede comprar con un salario: el sentido de pertenencia, el amor por la comunidad y el deseo de servir al prójimo.

Por eso creo que ha llegado el momento de revisar el camino que estamos tomando

¿Por qué no volver a abrir las puertas de par en par a las personas que quieren servir voluntariamente? ¿Por qué no facilitar su capacitación e incorporación? ¿Por qué no recuperar ese espíritu comunitario que durante tantos años sostuvo a nuestros subcomités?

Quizás parte de la solución para fortalecer nuestra Cruz Roja esté precisamente en aquello que nunca debimos dejar de lado: la comunidad y su voluntariado.

Nuestros padres construyeron esta institución desde las comunidades. La sostuvieron con esfuerzo, actividades y solidaridad. Ahora nos corresponde preguntarnos qué podemos hacer para que esa historia no termine.

No dejemos morir nuestros subcomités.

No dejemos morir el voluntariado.

No dejemos morir el espíritu de servicio.

Rescatemos a nuestra Benemérita Cruz Roja Costarricense, devolviéndole a las comunidades y a los voluntarios el espacio que, durante generaciones, ayudaron a construir.

Porque servir al prójimo no debería encontrar puertas cerradas. Debería encontrar una puerta abierta y una oportunidad para demostrarlo.

Categories: Comunal

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