Goicoechea, entre el desarrollo y la desafección partidista

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- La situación de los asentamientos informales y la ocupación de terrenos públicos en Purral, particularmente en sectores como Los Cuadros, no nació ayer. Es un problema acumulado durante años, conocido por las instituciones y postergado demasiadas veces hasta convertirse en una crisis social, territorial y política.
Ahora, una resolución de la Sala Constitucional vuelve a colocar el tema donde corresponde: en el terreno de las responsabilidades públicas y del cumplimiento de la ley.
La sentencia N.° 2025-030968, correspondiente al expediente N.° 25-022056-0007-CO, declaró con lugar un recurso de amparo presentado contra el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y la Municipalidad de Goicoechea por la falta de actuación frente a ocupaciones de propiedades públicas y municipales.
La resolución obliga a las autoridades competentes a coordinar acciones para atender la situación. Ya no estamos, por tanto, ante una discusión que pueda prolongarse indefinidamente entre oficinas, administraciones y discursos políticos. Existe una orden constitucional y corresponde cumplirla.
Una resolución que exige responsabilidades
Una sentencia de la Sala Constitucional no es una sugerencia.
Cuando el máximo tribunal constitucional determina que existió una omisión de las autoridades y ordena actuar, las instituciones involucradas tienen el deber de ejecutar lo dispuesto dentro de los términos establecidos.
Esto resulta especialmente importante porque durante años problemas como el de Purral han transitado por una zona gris en la que distintas instituciones se trasladan responsabilidades entre sí mientras las consecuencias recaen sobre las comunidades.
Ese círculo debe terminar.
Las autoridades del IMAS y la Municipalidad de Goicoechea deben explicar públicamente qué acciones les corresponden, cuáles han ejecutado, cuáles están pendientes y en qué plazos serán realizadas. La ciudadanía tiene derecho a conocer esa información y a exigir rendición de cuentas.
Un problema con múltiples responsabilidades
Reducir esta crisis a buenos y malos sería tan cómodo como irresponsable.
Existen personas que ocuparon terrenos públicos sin contar con un derecho legítimo sobre ellos. También deben investigarse las denuncias sobre personas que habrían comercializado supuestos “derechos” sobre propiedades que no les pertenecían, aprovechándose de familias necesitadas de vivienda.
Pero existe una tercera responsabilidad que tampoco puede ignorarse: la de las instituciones que conocieron durante años la existencia del problema y no consiguieron ofrecer una respuesta efectiva y oportuna.
Cuando una ocupación irregular se consolida durante años, aparecen viviendas, servicios improvisados, familias y nuevas generaciones, cualquier solución posterior se vuelve mucho más compleja y dolorosa.
Precisamente por eso la responsabilidad del Estado no comienza el día de un eventual desalojo. Comienza mucho antes: con prevención, fiscalización, políticas de vivienda, protección del patrimonio público y atención temprana de las situaciones de vulnerabilidad.
Permitir que un problema crezca y pretender resolverlo únicamente cuando resulta insostenible constituye un fracaso de la gestión pública.
La politiquería no puede sustituir las soluciones
También resulta preocupante que una situación humana y jurídicamente compleja pueda convertirse nuevamente en combustible electoral.
Las familias de Purral no necesitan dirigentes buscando fotografías, culpables convenientes o réditos políticos. Necesitan información cierta sobre lo que ocurrirá, garantías de que las instituciones actuarán conforme a derecho y respuestas responsables para quienes se encuentren en condición de vulnerabilidad.
Tampoco corresponde presentar el cumplimiento de una sentencia constitucional como una decisión antojadiza de una administración determinada. Si existe una orden de la Sala Constitucional, la discusión pública debe partir de ese hecho.
Eso no exime al Gobierno Central, al IMAS ni a la Municipalidad de sus respectivas responsabilidades. Al contrario: obliga a cada institución a asumirlas.
Y tampoco impide cuestionar las decisiones políticas adoptadas durante años por administraciones nacionales y municipales de diferentes signos.
Lo que resulta inaceptable es utilizar la incertidumbre de las familias como instrumento de confrontación electoral.
Durante demasiado tiempo, los problemas habitacionales han sido terreno fértil para promesas, intermediarios y discursos políticos. Purral necesita romper ese ciclo.
Recuperar lo público sin abandonar lo humano
Cumplir la ley y atender la dimensión social del problema no son objetivos incompatibles.
El Estado debe proteger los terrenos públicos y evitar que nuevas ocupaciones irregulares se consoliden. Pero también debe determinar, caso por caso, cuáles familias enfrentan condiciones reales de vulnerabilidad y qué alternativas legalmente disponibles pueden ofrecerse.
No todas las personas se encuentran en la misma situación y, por ello, tampoco debería pretenderse una respuesta indiscriminada.
La recuperación de propiedades públicas debe acompañarse de censos transparentes, información verificable, coordinación institucional y atención social para quienes legítimamente la requieran. Asimismo, cualquier eventual comercialización ilegal de terrenos públicos debe investigarse y, cuando corresponda, ponerse en conocimiento de las autoridades competentes.
La peor alternativa sería repetir la historia: improvisar hoy para volver a abandonar el problema mañana.
Goicoechea merece una solución definitiva
Desde La Voz de Goicoechea consideramos que llegó el momento de sustituir los discursos por resultados.
La Municipalidad, el IMAS y las demás instituciones involucradas deben cumplir estrictamente lo dispuesto por la Sala Constitucional, informar a la ciudadanía sobre el avance de las medidas y garantizar que todo procedimiento respete tanto el ordenamiento jurídico como la dignidad de las personas afectadas.
También corresponde investigar a quienes eventualmente hayan lucrado mediante la venta ilegal de terrenos o supuestos derechos sobre propiedades públicas.
Y a la dirigencia política, de gobierno y de oposición, le corresponde algo igualmente importante: actuar con responsabilidad.
Purral no puede continuar siendo un problema que se recuerda durante las campañas electorales y se archiva cuando terminan las elecciones.
La justicia constitucional ya habló.
Ahora corresponde a las instituciones cumplir, a la ciudadanía fiscalizar y a la política demostrar que todavía puede servir para solucionar problemas en lugar de aprovecharse de ellos.
Goicoechea merece soluciones reales. Purral también.
LA VOZ DE GICOECHEA (Por Consejo Editorial).- Hay momentos en que una comunidad demuestra que vivir en un barrio significa mucho más que compartir calles, parques y servicios. Significa también asumir responsabilidades colectivas, organizarse y actuar cuando las circunstancias amenazan el bienestar de todos.
Eso es precisamente lo que han hecho, en días recientes, vecinos de La Floresta de Ipís y Los Olympos de Purral. Frente a dos problemas distintos relacionados con servicios y responsabilidades municipales, ambas comunidades decidieron pasar de la preocupación a la acción.
Y ese esfuerzo merece ser reconocido
En La Floresta, la huelga de trabajadores municipales afectó la recolección de residuos y provocó la acumulación de bolsas de basura. El riesgo era evidente: residuos dispersos por animales, lluvia o personas inescrupulosas podían convertir rápidamente el problema en una situación de insalubridad para todo el vecindario.
Los vecinos decidieron actuar
Con carretillos, guantes y voluntad de colaborar, recorrieron la comunidad recogiendo las bolsas acumuladas y trasladándolas al sector del salón comunal. Una acción sencilla, pero de enorme significado: mientras persistía una situación que escapaba al control inmediato de los residentes, la propia comunidad evitó que sus calles terminaran convertidas en un foco de contaminación.
En Los Olympos de Purral ocurrió algo diferente, aunque con una respuesta ciudadana semejante
El vencimiento de contratos municipales para el mantenimiento de áreas verdes provocó que parques y espacios comunes comenzaran a llenarse de maleza. Mientras avanzan los procedimientos para una nueva contratación —sobre los cuales la municipalidad ya ha reportado progresos— los vecinos decidieron organizar jornadas de limpieza y recuperar esos espacios.
No esperaron simplemente a que alguien más resolviera el problema
Ese comportamiento ciudadano tiene un valor que trasciende una jornada de limpieza o unas cuantas bolsas de basura recogidas. Habla de pertenencia, solidaridad y compromiso con el lugar donde se vive.
La experiencia de ambas comunidades deja además una enseñanza para Goicoechea: la participación ciudadana adquiere su verdadero significado cuando pasa del discurso a la acción.
Durante años hemos escuchado hablar de comunidades organizadas, participación ciudadana y corresponsabilidad. La Floresta y Los Olympos muestran cómo esos conceptos pueden materializarse en acciones concretas.
Sin embargo, también conviene hacer una precisión fundamental
La organización comunitaria no debe convertirse en una excusa para trasladar permanentemente a los ciudadanos obligaciones que corresponden a las instituciones públicas. La recolección de residuos, el mantenimiento de parques y la atención adecuada de los espacios públicos continúan siendo responsabilidades que las autoridades deben garantizar.
Una comunidad organizada puede colaborar, reaccionar ante una emergencia y proteger temporalmente sus espacios, pero no debe convertirse en sustituta permanente de los servicios municipales.
Precisamente por eso, la mejor respuesta institucional ante estas iniciativas no debería limitarse a una felicitación. La Municipalidad de Goicoechea tiene ante sí una oportunidad para acercarse a estas comunidades, reconocer su esfuerzo y fortalecer mecanismos de coordinación que permitan canalizar esa voluntad ciudadana.
Porque cuando una comunidad está dispuesta a organizarse, las instituciones encuentran un aliado invaluable.
También hay aquí un ejemplo para otros barrios del cantón. No todos los problemas requieren grandes presupuestos para comenzar a enfrentarse. En ocasiones hacen falta organización, comunicación entre vecinos y disposición para dedicar algunas horas al cuidado del espacio común.
Eso fortalece algo todavía más importante que un parque limpio o una calle sin basura: fortalece el tejido social.
Desde La Voz de Goicoechea reconocemos y felicitamos a los vecinos de La Floresta de Ipís y Los Olympos de Purral por demostrar que la comunidad también puede convertirse en parte de la solución.
Que estas experiencias no queden como hechos aislados
Que sirvan para recordar a las autoridades la importancia de responder oportunamente a las necesidades de los barrios y, al mismo tiempo, para demostrar a los ciudadanos que organizarse sigue siendo una de las herramientas más poderosas para mejorar el lugar donde vivimos.
Porque un cantón no se construye únicamente desde una municipalidad.
También se construye, todos los días, desde sus comunidades.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- La decisión unánime del Concejo Municipal de Goicoechea de incorporar en el presupuesto ordinario de 2027 los recursos necesarios para pagar retroactivamente las anualidades correspondientes al período 2018-2026 constituye una noticia importante para los trabajadores municipales y, al mismo tiempo, deja una valiosa enseñanza para nuestro cantón: cuando existe voluntad de diálogo, respeto entre las partes y disposición para alcanzar acuerdos, es posible encontrar soluciones.
El acuerdo adquiere especial relevancia porque responde a una demanda laboral acumulada durante años. De acuerdo con lo informado durante la sesión municipal, el alcalde Fernando Chavarría entregó una carta en la que se establece que, a más tardar el 15 de enero del próximo año, se realizará el pago correspondiente.
La decisión se produce después del paro de labores realizado el viernes anterior por trabajadores municipales, quienes reclamaban una solución al pago de sus anualidades.
Más allá de las circunstancias que condujeron al conflicto, lo verdaderamente significativo es que finalmente se alcanzó un acuerdo institucional que reconoce los recursos reclamados por los trabajadores.
El presupuesto aprobado contempla las anualidades correspondientes a los años 2018-2026, el aumento salarial del próximo año y los gastos ordinarios de la Municipalidad, dentro de un presupuesto que supera los ¢14 mil millones de colones.
Puede parecer, a simple vista, un asunto estrictamente administrativo o presupuestario. No lo es.
Un presupuesto municipal es mucho más que una suma de ingresos y gastos. Es la expresión concreta de las prioridades de un gobierno local y de su capacidad para responder a sus obligaciones. En este caso, incluir los recursos para las anualidades representa un paso fundamental para atender una situación laboral que necesitaba una respuesta clara.
Los trabajadores son una pieza esencial para el funcionamiento de la Municipalidad. Son quienes diariamente atienden servicios, ejecutan obras, mantienen espacios públicos y hacen posible buena parte de las tareas que impactan directamente la vida de los habitantes del cantón. Reconocer sus derechos y procurar relaciones laborales estables también contribuye al buen funcionamiento de la institución.
Por eso, lo sucedido en la sesión del Concejo merece destacarse.
Administración, trabajadores, regidores y representación sindical llegaron a una sesión en la que existían posiciones e intereses que debían conciliarse. Sin embargo, el intercambio se desarrolló de manera serena, respetuosa y ordenada. Cada sector defendió sus planteamientos, pero también hubo espacio para escuchar y buscar una salida.
La unanimidad alcanzada no significa que hayan desaparecido las diferencias. Significa algo quizá más importante: que fue posible colocarlas en un segundo plano para alcanzar una solución concreta.
Eso es precisamente lo que la ciudadanía espera de sus autoridades y de quienes participan en la vida pública.
En tiempos en los que el debate político fácilmente puede convertirse en confrontación permanente, descalificaciones y discusiones improductivas, Goicoechea necesita demostrar que existe otra manera de resolver sus diferencias.
Nuestro cantón enfrenta importantes desafíos. Las necesidades de las comunidades aumentan, los recursos públicos son limitados y las demandas sobre el gobierno local son cada vez mayores. En ese contexto, ninguna administración puede gobernar eficazmente desde la confrontación constante.
Se necesita diálogo. Se necesita negociación. Se necesita fiscalización. Y, sobre todo, se necesita capacidad para construir acuerdos sin renunciar a las responsabilidades que corresponden a cada parte.
El acuerdo sobre las anualidades demuestra precisamente eso.
Desde La Voz de Goicoechea valoramos que se haya encontrado una salida que permita reconocer estos recursos a los trabajadores municipales y, al mismo tiempo, brindar certeza sobre su incorporación al presupuesto.
Pero el acuerdo tampoco puede entenderse como el punto final.
Ahora corresponde cumplir.
La carta presentada por el alcalde establece una fecha concreta: a más tardar el 15 de enero. Por ello, trabajadores, Concejo Municipal y ciudadanía tienen derecho a esperar que el compromiso asumido se materialice en los términos anunciados.
La aprobación presupuestaria debe convertirse en ejecución efectiva. Y esa ejecución deberá acompañarse de transparencia, eficiencia y rendición de cuentas.
La ciudadanía también deberá permanecer vigilante para que los más de ¢14 mil millones contemplados en el presupuesto municipal sean administrados responsablemente y se traduzcan en servicios, obras y mejores condiciones para las comunidades.
De lo ocurrido queda una enseñanza que conviene conservar.
Los trabajadores hicieron escuchar sus demandas. La administración presentó una propuesta. El Concejo Municipal asumió su responsabilidad y tomó una decisión unánime. Las partes dialogaron y finalmente se construyó una salida institucional.
Así debería funcionar la política local.
Goicoechea necesita menos pleitos estériles y más acuerdos; menos politiquería y más soluciones; menos confrontación por la confrontación misma y más capacidad para sentarse alrededor de una mesa cuando existen diferencias.
La aprobación de los recursos para pagar las anualidades constituye, ante todo, un reconocimiento esperado por los trabajadores municipales. Pero también puede convertirse en algo más: en un ejemplo de que el diálogo responsable produce resultados.
Ojalá esta no sea una excepción.
Ojalá sea el comienzo de una forma de hacer las cosas que se repita sesión tras sesión, acuerdo tras acuerdo, hasta convertirse en la práctica habitual que Goicoechea merece.