Published by Isaí Jara on

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- El salmista proclama una verdad que atraviesa los siglos y llega hasta nosotros con fuerza renovada: Dios mismo es el lugar seguro para quien sufre. En un mundo donde tantas personas cargan con peso, injusticia, soledad o temor, el Señor no permanece lejos; se presenta como refugio vivo y firme.
La palabra refugio nos habla de protección inmediata: el lugar donde se corre cuando el peligro acecha, donde se respira alivio cuando el alma se agota. Pero va más allá: también es baluarte, es decir, una fortaleza sólida, inquebrantable, que sostiene y defiende. No es un refugio temporal que desaparece cuando pasa la tormenta —es un cimiento que permanece incluso en la angustia más profunda.
Esta promesa no dice que no habrá momentos de dificultad; al contrario, reconoce que vendrán tiempos de angustia. La diferencia es que, en esos momentos, no estás solo. Quien te sostiene es el Señor: el que conoce tu causa, consuela tu corazón y mantiene su propósito sobre tu vida.
Para reflexionar y orar
¿Sientes hoy el peso de alguna opresión, injusticia o tristeza? Lleva tu carga a Él: su pecho es refugio, su presencia es fortaleza.
No busques seguridad en lo que cambia, sino en Aquel que es el mismo ayer, hoy y siempre. En Él hallas descanso para el alma y firmeza para seguir adelante.
Señor, te doy gracias porque eres mi refugio cuando me siento abrumado, y mi fortaleza cuando la angustia crece. En ti confío, porque sé que jamás me abandonas. Amén.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- El apóstol Pablo, en esta carta a la iglesia de Éfeso, resume la esencia de la vida cristiana en una frase sencilla pero transformadora: tratar a los demás como Dios nos trata a nosotros.
El versículo nos señala tres actitudes concretas:
Ser bondadosos: no solo hacer el bien, sino hacerlo con ternura, consideración y generosidad, incluso con quienes nos han ofendido.
Ser misericordiosos: Compadecernos de las debilidades ajenas, sin juzgar con dureza ni guardar rencor.
Perdonar mutuamente: El perdón no es un favor que hacemos a cambio de algo, sino la respuesta natural al inmenso perdón que hemos recibido de Dios por medio de Jesucristo. Nuestro perdón hacia los demás no tiene límites porque el de Él tampoco los tiene.
La clave: “como Dios también os perdonó”. No perdonamos porque los demás lo merezcan, sino porque hemos comprendido cuánto hemos sido perdonados. En Cristo, Dios borró toda nuestra deuda; por eso, nosotros podemos hacer lo mismo con los demás.
Oración
Señor, gracias por perdonarme libremente y llenarme de tu gracia. Hoy te pido que me enseñes a mirar a los demás con el mismo corazón con que tú me miras. Quiero ser bondadoso, misericordioso y saber perdonar, sin guardar rencor, imitando el amor que tú me has dado. En el nombre de Jesús, amén
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- El apóstol Pablo, en esta carta a los creyentes de Roma, nos entrega una enseñanza práctica que une la fe con la vida cotidiana. No separa nuestra relación con Dios de nuestra responsabilidad con los demás ni con la sociedad en la que vivimos.
El versículo nos invita a una integridad completa: no se trata solo de cumplir obligaciones materiales, como impuestos y contribuciones, sino también de cultivar actitudes invisibles pero esenciales: el respeto y el honor hacia quienes nos rodean y hacia las autoridades establecidas. Reconocer que todo orden justo proviene de Dios nos impulsa a actuar con rectitud, transparencia y consideración.
Para la vida hoy
Cumplir con nuestras obligaciones no es solo una ley humana, sino un reflejo de nuestra fe. Ser personas honestas en lo material da testimonio de confianza en Dios.
El respeto y el honor no son regalos que se piden, sino deudas que se pagan con gratitud y trato digno. Reconocer el valor de los demás y la labor de quienes nos guían es una forma de amar al prójimo.
La fe no nos aísla del mundo: nos llama a transformarlo desde adentro, siendo ciudadanos íntegros, justos y respetuosos en cada acción.
Oración
Señor, ayúdanos a vivir con rectitud en todos los ámbitos de nuestra vida. Danos la gracia de cumplir fielmente con nuestras obligaciones, de tratar a todos con respeto y de honrar a quienes tú has puesto en nuestra vida. Que nuestra conducta refleje siempre tu amor y tu justicia. En el nombre de Jesús, amén.